martes, 10 de mayo de 2011

LA PALMA



La Palma, conocida, no en vano, como La Isla Bonita. Suena "Nube de Hielo" del gran timplista canario Benito Cabrera ¿Qué les voy a decir de mi isla? simplemente que tiene magia y que me emociona verla y compartirla. Nadie podrá negar que es una preciosidad con rincones azules, blancos, verdes y negros ¡Una delicia para los sentidos.

lunes, 9 de mayo de 2011

CALABACINOS REDONDOS RELLENOS DE VERDURA Y HONGOS







Esta receta de calabacines redondos rellenos de verduras y hongos triunfó en casa antes incluso de que la hubiera preparado. Resulta que encontré en el mercado, estos preciosos calabacines de forma redonda, que había conocido hace años en sudamérica con el nombre de zapallitos, y sin dudarlo, los compré antes de pensar qué iba a hacer con ellos.

Su forma me sugería que serían idóneos para cocinarlos rellenos y la única duda fue elegir la farsa con la que prepararlos. Finalmente, me decidí por un surtido de verduras cocinadas a alta temperatura para que quedaran crujientes, y unos hongos salteados. Como os decía resultaron un éxito, que no dudaremos en repetir.

Ingredientes para 4 personas

§ 4 calabacines redondos, 400 gr. de hongos, 2 zanahorias, 1 puerro, 1 pimiento rojo, 200 ml. de creme frâiche o nata líquida, 50 gr. queso rallado

Cómo hacer calabacines rellenos de verduras y hongos

Comenzamos cortando con cuidado la tapa de nuestros calabacines, utilizando una puntilla con la que extraer el pedúnculo y crear una abertura. Después, utilizando un sacabolas vamos retirando la pulpa del interior del calabacín para obtener una vasija o recipiente hueco para poder rellenar.

Si no encontráis calabacines redondos podéis usar los calabacines alargados, cortándolos en dos mitades y retirando los extremos para formar dos cilindros, con los que hacer la misma receta. Sin embargo, con los calabacines redondos, la presentación es más original y sugerente.

Vamos picando las verduras en trozos de un cm. aproximadamente, las juntamos con las bolas de pulpa del calabacín y salteamos el conjunto en un wok, o una sartén con muy poco aceite y a fuego vivo, dando movimientos envolventes a la sartén para que las piezas no se agarren ni se nos tuesten, y queden como si dijésemos, al dente.


por otro lado, cocinaremos los hongos que habremos partido en trozos del mismo tamaño y haremos a la plancha hasta que comiencen a dorarse, momento en el que los incorporaremos a la mezcla de verduras. Rehogamos el conjunto y le añadimos la creme frâiche o en su defecto nata, mezclando con el fuego en el mínimo, hasta que cambie su color blanco y tome un color pardo.

Con una cucharilla, rellenamos con cuidado los calabacines, apretando un poco para que la farsa o relleno pueda alcanzar todos los huecos, y una vez llegue a los bordes, espolvoreamos con queso parmesano rallado y metemos en el horno que tendremos previamente precalentado. Tras unos 10 minutos a 180º, gratinamos otro par de minutos, y lo tenemos listo para servir.

Tiempo de elaboración | 45 minutos
Dificultad | Media

Degustación

A la hora de llevar a la mesa esta receta de calabacines redondos rellenos de verduras y hongos, resulta simpático taparlos con la parte del pedúnculo que habíamos retirado y podemos servirlos inmediatamente acompañados de un poco de salsa de tomate. Además su versatilidad, permite utilizar otras combinaciones de ingredientes para el relleno, como pescados, carnes, según el gusto de cada cual.

AMISTAD O AMOR

El vídeo que acaban de ver es increíble.

Una se pregunta cómo pudo haberse hecho, pero no me importa porque lo puedo ver todas las veces que quiera sin cansarme y, además, siempre me inspira muchísima ternura, sonrisas y complicidad.

¡Disfrútenlo!

FRIENDSHIP OR LOVE ♥ PRIJATELJSTVO ILI LJUBAV

sábado, 7 de mayo de 2011

Playa de Las Canteras ( Por Gino Maccanti )

LA PLAYA DE LAS CANTERAS



La playa de Las Canteras es la playa urbana principal de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria (Gran Canaria, Islas Canarias). Frecuentada durante todo el año, es la playa preferida por la mayoría de los habitantes de la ciudad y los extranjeros que la visitan, que pueden disfrutar de ella en cualquier época del año gracias a la benignidad del clima.

Las Canteras cuenta con el certificado UNE-EN ISO 14001, de AENOR, que sólo poseen en España las playas de La Concha -en San Sebastián- y La Victoria -en Cádiz- por la implantación de un sistema para la gestión integral del Medio Ambiente.

El nombre de la playa siempre ha estado vinculado a La Barra, una roca sedimentaria de arenisca y deposiciones calcáreas que discurre en paralelo a la orilla, proporcionándole abrigo frente al oleaje del norte y confiriéndole una personalidad propia. Antiguamente se la conocía como playa del Arrecife, debido a que La Barra emergía del agua como un arrecife. Posteriormente, ésta fue explotada como cantera para extraer la roca que se destinó, entre otros usos, a numerosas construcciones de la ciudad como la Catedral de Canarias. En recuerdo a esta práctica, ya abandonada, pervive hoy el nombre de playa de Las Canteras.

DON SEMPRONIO



Don Sepronio vivía en el mismo pueblo desde tiempo inmemorial. Todo el mundo le conocía y casi todos de una forma u otra habían pasado por sus manos. Era un hombre afable a su manera, estaba acostumbrado a mandar y a que nadie dudase de su palabra ni se cuestionase ninguna de sus afirmaciones. Jugaba al dominó en el bar del casino, aunque ganara o perdiese él nunca pagaba ninguna ronda, siempre conseguía que alguien le invitase.


También adoctrinaba a los niños de la escuela. La mayor parte de los chicos del pueblo, generación tras generación había oído las mismas historias, los mismos consejos e idénticas amenazas de la boca de don Sepronio. Tal vez por eso todos estaban acostumbrados a la forma de ser de este personaje, soltaba sus verdades sin derecho a réplica, él siempre tenía la última palabra. Y no digamos nada en su “trabajo”; allí era el único que hablaba, todos los demás se limitaban a escuchar, sin preguntas, callados frente a él.

Don Sepronio se había acostumbrado a su papel, a ser el que cerrase la conversación imponiendo su punto de vista de un modo tajante aunque sin perder nunca la compostura, como él decía “mano de hierro con guante de seda”. Finalmente había convertido esto en una costumbre. Un privilegio muy dudoso éste de pronunciar las últimas palabras, porque ser el último conlleva acallar cualquier réplica y tal actitud no suele estar acompañado por un acto de inteligencia sino de soberbia. No importaba lo necia que pudiera ser su opinión, su posición le permitía que nadie le contestase.

No pensemos que don Sepronio era un ejemplar único en su especie. Este vicio está muy extendido entre políticos mercachifles, periodistas de tres al cuarto, escritores que se creen en posesión de la razón por escribir una columna en un periódico popular o por cosechar éxitos de venta, profesores que tienen el “público” garantizado y como no sometido, y por supuesto entre los curas. Todos estos personajes utilizan su poder, su audiencia para exponer, imponer sus ideas a la vez que tratan de humillar a quienes no comulgan con ellas. Ah, se me había olvidado decirles que don Sepronio era el cura del pueblo, imagino que ya lo habrían adivinado.

Pasó que los tiempos fueron cambiando. Los jugadores de dominó cada vez eran más viejos, los niños más indomables, la iglesia se iba quedando más vacía e incluso los que iban le oían sin escuchar. A las pobres beatas de toda la vida, las únicas que le hubieran prestado atención la edad las iba volviendo sordas y la gente del pueblo ya no se paraba a charlar con el párroco, o si lo hacían era en medio de compromisos ineludibles que les hacían salir corriendo casi dejándole con la palabra en la boca. Don Sepronio se dio cuenta de que hablaba solo, ni siquiera su monaguillo le prestaba la más mínima atención.

Se tomó la situación como había hecho siempre, de un modo tajante y sin perder la compostura. Aquel domingo la campana llamó a misa de un modo extraño y a deshora. Un solo toque, seco. Los vecinos más cercanos se acercaron a la parroquia con curiosidad. Don Sepronio, arreglado para celebrar la eucaristía colgaba cual badajo en el campanario. Estaría bonito, ni Dios iba a conseguir que él no dijese la última palabra.

© MAGDA